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Kazajstan
Vecinos de "El Polígono"
Nombre: Rhakima Eshi
Edad: 82
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Rakhima Eshi |
Toda mi vida he vivido en Bergen. Antes de la época soviética mi familia eran pastores nómadas y vivían de la tierra y los animales. Todo esto cambió cuando mi padre murió en la hambruna de 1936. A partir de esa fecha mi madre y familia trabajamos en una granja colectiva.
Durante las pruebas nucleares de los años 50 las explosiones del Polígono se anunciaban por radio. Nos daban instrucciones, como dejar nuestras casas y asegurarnos de que el horno no estaba funcionando. Cuando se producían las explosiones salíamos y observábamos cómo se elevaban al cielo las nubes champiñón. Nadie conocía los peligros y los efectos que las explosiones tendrían en nuestras vidas. Por supuesto teníamos miedo, pero al mismo tiempo hacíamos lo que nos decían.
Una de las cosas que más me llamaba la atención durante el período de las pruebas nucleares era cuando llovía. Las gotas que caían en nuestras calles, casas y jardines estaban mezcladas con una sustancia verde brillante. Se podía ver esa sustancia verde flotando sobre la superficie de nuestros lagos y ríos. Yo creo que era la lluvia radioactiva de las pruebas. El medio ambiente en torno a Begen ha cambiado totalmente en los últimos cuarenta años. No estoy segura si los cambios están directamente relaciones con las pruebas, pero muchos de ellos comenzaron al mismo tiempo que las pruebas. Los lagos y ríos de esta zona eran mucho mayores y estaban rodeados por bosque. El agua se helaba en invierno y teníamos que cortar trozos de hielo si para lavar y cocinar. Hoy en día no podemos hacer eso, la nieve es blanda y sin consistencia debido a las temperaturas más cálidas.
En el bosque que rodeaba el pueblo había ardillas, gatos salvajes y ciervos y muchas clases de hierbas comestibles. Cuando éramos niños oíamos historias de linces salvajes que atacaban a los cazadores. Hoy no existe el bosque, solo prados secos y yermos que provocan fuegos y tormentas de polvo. El bosque y los lagos de esta zona eran una gran parte de vida en el pasado y estoy triste porque mis nietos y los niños de Begen no pueden disfrutar del bosque. No pueden jugar en la hierba y recoger las primeras flores como yo hacía con mis amigos. Por otra parte, muchos de los niños del pueblo están enfermos. Tienen alergias y enfermedades de la piel. Los niños no son tan fuertes y saludables como los de antes.
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